La matriz eléctrica uruguaya se cita habitualmente como la razón por la que Google eligió Canelones para un data center de USD 850 millones, y ese proyecto se cita a su vez como el comienzo de una nueva ola de demanda inmobiliaria corporativa. Ambas afirmaciones tienen algo de cierto. Ambas son más laxas de lo que parecen.

Este artículo recorre la cadena —energía, infraestructura, inmuebles— y marca dónde se sostiene y dónde se adelgaza. En resumen: la ventaja energética es real, la inversión es real, y la consecuencia inmobiliaria es más acotada, más lenta y está más avanzada en el tiempo de lo que sugiere la mayor parte de la cobertura.

La matriz, contada correctamente

En 2025, alrededor del 98% de la generación eléctrica uruguaya provino de fuentes renovables, según el balance preliminar del Ministerio de Industria, Energía y Minería (MIEM). Estructuralmente la cifra se mantiene por encima del 90% año tras año, con variaciones según el ciclo hidrológico, y UTE ha gestionado el sistema sin los cortes ni el racionamiento que sí afectaron a economías vecinas en años de sequía severa.

Hay un punto metodológico que importa, porque los números se mezclan con frecuencia. El desglose de generación que más se cita para 2025 —hidráulica 46%, eólica 34%, biomasa 14% y solar 4%— está medido sobre base SIN, es decir, la energía efectivamente entregada al Sistema Interconectado Nacional, según ADME. La base nacional del MIEM contabiliza toda la generación incluidos los autoproductores, principalmente las plantas de celulosa que queman biomasa in situ sin inyectarla a la red, y sobre esa base la biomasa pesa aproximadamente el doble.

Tomar el porcentaje de titular de una base y el desglose de la otra es el error más común en las descripciones de la matriz uruguaya. O se cita el 98% sobre base MIEM sin desglose, o se cita el desglose como de ADME.

Para un usuario electrointensivo, lo que importa en cualquiera de los dos casos es la combinación de estabilidad y origen limpio. Eso sí es un factor de localización, y no una nota al pie de sostenibilidad corporativa.

Qué dijo efectivamente Google sobre por qué eligió el sitio

El proyecto se ubica en la zona franca Parque de las Ciencias, en Ruta 101, km 23.500, Colonia Nicolich, Ciudad de la Costa, Canelones. Es el segundo campus de data center de propiedad íntegra de Google en Sudamérica, y se suma a una red de 28 centros distribuidos en 11 países.

Sobre los motivos de la elección conviene ser preciso. Eduardo López, presidente de Google Cloud para Latinoamérica, mencionó acceso, conectividad y disponibilidad energética, y elogió la seguridad jurídica del departamento. La disponibilidad energética no es la misma afirmación que el carácter renovable de esa energía. Fue la ministra de Industria, Energía y Minería, Elisa Facio —una funcionaria de gobierno y no la empresa—, quien subrayó la sostenibilidad ambiental del proyecto y, en concreto, su refrigeración por aire.

Es plausible que la matriz renovable forme parte del cuadro, sobre todo para una compañía con compromisos globales de carbono. Pero afirmar que Google la señaló como factor central excede lo que está documentado.

El proyecto, en su escala real

Hay dos hechos sobre el data center de Canelones que suelen omitirse, y ambos inciden directamente sobre cualquier tesis inmobiliaria construida alrededor del proyecto.

Se redujo a un tercio de su capacidad original. El diseño inicial contemplaba refrigeración con agua potable suministrada por OSE, lo que generó polémica pública tras la sequía de 2022-2023. El nuevo informe ambiental disminuyó la capacidad del data center a un tercio de la original y sustituyó el sistema de enfriamiento por 32 chillers enfriados por aire con circuito cerrado de agua. Un jerarca del ministerio lo dijo entonces sin rodeos: el proyecto sigue, y será más chico.

La secuencia, por lo tanto, no fue que la ingeniería incorporara silenciosamente las restricciones hídricas locales. Fue: diseño original, conflicto público, rediseño y una reducción sustancial de escala.

Va a emplear a unas cincuenta personas. La construcción ocupa entre 300 y 400 trabajadores, con un pico cercano a 800, en cuatro etapas a lo largo de 26 meses desde el inicio de obras en agosto de 2024. Una vez operativo, el centro funcionará con unas cincuenta personas, de manera ininterrumpida, las 24 horas los 365 días del año, con suministro de UTE.

Cincuenta puestos permanentes no generan prácticamente demanda de oficinas y generan una demanda de servicios locales muy acotada. El pico de 800 personas es temporal y, según el cronograma informado, ya quedó en buena medida atrás. Cualquier evaluación de la demanda inmobiliaria inducida tiene que partir de esos números y no de la cifra de inversión del titular.

La conectividad: Firmina, con precisión

El cable submarino Firmina se identifica correctamente como parte de la ecuación, y vale describirlo con exactitud. Recorre unos 13.500 kilómetros desde Myrtle Beach, en Carolina del Sur, hasta Las Toninas, en Argentina, con amarres adicionales en Praia Grande, Brasil, y Punta del Este, Uruguay. Entró en servicio en abril de 2024, tras anunciarse en junio de 2021, y es el primer cable que conecta a Argentina y Uruguay de manera directa con Estados Unidos, además del primero en desplegar doce pares de fibra en su troncal entre América del Norte y del Sur.

Dos correcciones a la descripción habitual. Uruguay es un amarre de derivación y no un extremo del cable: la troncal llega a Las Toninas. Y la propiedad es compartida: Telxius, el brazo de conectividad del Grupo Telefónica, comparte la titularidad con Google y suma Firmina a sus rutas atlánticas junto a SAM-1, BRUSA y Tannat.

Tannat, que ya vinculaba a Uruguay con Brasil, sigue siendo la otra pieza relevante.

El corredor ya era un corredor

Acá es donde el relato estándar más necesita corrección. Google no creó un submercado logístico sobre la Ruta 101. Llegó a uno.

Parque de las Ciencias es una zona franca cuyos primeros padrones se compraron en 2008, con habilitación del Poder Ejecutivo en 2009 y comienzo de la operativa en 2011. Ocupa unas 85 hectáreas —55 desarrolladas inicialmente y 30 más previstas para crecimiento— y alberga a más de 60 empresas, con más del 80% dedicadas a ciencias de la vida, alta tecnología y actividades de alto valor agregado: laboratorios farmacéuticos y veterinarios, prestadores especializados en ingeniería y salas limpias, plantas GMP y operadores logísticos especializados en productos de salud.

Su ancla es Megalabs, con una planta de más de 22.000 m² y una inversión de USD 110 millones. La capacidad eléctrica se resolvió desde el inicio: un acuerdo con UTE instaló un tendido de transmisión sobre la Ruta 101, con beneficios tanto para las empresas de la zona franca como para la población del área.

Y la ventana de tierra ya se venía cerrando hace cinco años. Para diciembre de 2021 el corredor se describía como un corredor logístico en auge, y la encargada comercial del parque señalaba que los espacios disponibles sobre la ruta eran ya contados: quedaban pocos, aunque todavía quedaban. La desarrolladora Sammel empezó a buscar terrenos en diciembre de 2020 y está construyendo el Parque Logístico San Juan sobre lo que encontró.

Todo eso es anterior a la confirmación del proyecto de Google.

Qué significa para el land banking

El argumento de land banking para el corredor de la Ruta 101 no es incorrecto, pero necesita replantearse con honestidad.

El actor principal ya lo ejecutó. La subsidiaria de Google compró 30 hectáreas dentro del Parque de las Ciencias en 2021, cuatro años antes del inicio de obras, y por resolución del Ministerio de Economía esos padrones pasaron a integrar la ampliación de la zona franca. Quien entre hoy no se está adelantando al mercado: entra después del inquilino ancla, después del clúster farmacéutico y después de al menos una desarrolladora logística.

La variable decisiva para la tierra lindera, por lo tanto, no es la proximidad sino el régimen. La tierra dentro del perímetro de zona franca tiene una posición fiscal que la tierra del otro lado de la ruta no tiene, y si un padrón determinado puede incorporarse a una ampliación de zona franca —como ocurrió con el de Google— es una pregunta administrativa concreta con una respuesta concreta. Toda evaluación que tome «cerca del data center» como criterio está midiendo lo que no corresponde.

El resto de las condiciones se mantiene tal como suele enunciarse: acceso a subestaciones de alta capacidad, cercanía a trazados troncales de fibra, accesibilidad para transporte pesado y compatibilidad de zonificación industrial-tecnológica. Lo que ninguna fuente pública aporta son precios comparables de tierra para el corredor. Esa ausencia conviene declararla y no disimularla: quien evalúe esta tesis necesita comparables de transacciones que no están en el registro público, y debería obtenerlos localmente antes de comprometer capital.

La demanda logística, dimensionada con realismo

Una instalación hiperescala sí genera una cadena de suministro física: transporte de equipamiento de alta especificación durante la construcción, almacenamiento de repuestos críticos para el mantenimiento y flujos de insumos operativos una vez en marcha. Esa demanda trae estándares de seguridad más altos, control de acceso y, en algunos casos, condiciones ambientales controladas, lo que eleva la especificación técnica —y con ella el valor de renta— del espacio logístico que la atiende.

Tres precisiones mantienen honesta la estimación. El componente de obra es finito y, en un cronograma de 26 meses iniciado en agosto de 2024, está en su tramo final. El componente operativo está dimensionado para una instalación de cincuenta personas, no para una planta industrial. Y el corredor ya cuenta con operadores logísticos especializados que atienden al clúster farmacéutico, de modo que la demanda incremental compite con capacidad existente en lugar de llegar a un vacío.

La lectura realista es que un data center refuerza al margen un corredor logístico existente. No lo crea.

Qué es genuinamente replicable

El argumento más sólido de esta cadena no es el derrame de un proyecto puntual, sino la posición del país para el siguiente.

Uruguay tiene ahora un precedente verificable y no una promesa: una hiperescala que evaluó la jurisdicción, negoció desde 2018 hasta la confirmación, aseguró una posición en zona franca, resolvió un conflicto ambiental y construyó. La combinación que lo respaldó —estabilidad de red con origen limpio, conectividad submarina directa con Estados Unidos, un régimen de zonas francas en funcionamiento e instituciones previsibles— es estructural y no un hecho aislado.

Van dos advertencias. El cronograma de Google llevó cerca de ocho años desde el primer contacto hasta la construcción, que es el reloj realista para un proyecto comparable. Y el episodio del agua dejó establecido que estos proyectos enfrentan un escrutinio ambiental efectivo en Uruguay: el gobierno autorizó la construcción sujeta a siete condiciones, y la reducción de capacidad muestra que la restricción tiene consecuencias.

Conclusiones

La ventaja de la matriz uruguaya es real y el data center es real. La consecuencia inmobiliaria es menor y más tardía de lo que sugiere la cadena causal.

La instalación emplea a unas cincuenta personas, se redujo a un tercio de su capacidad prevista, se ubica dentro de una zona franca que opera desde 2011 con más de sesenta empresas ya instaladas, y ocupa tierra que su dueño compró en 2021, en un corredor donde los padrones sobre la ruta ya escaseaban a fines de ese año. La ventana de land banking en la Ruta 101 se abrió alrededor de 2008 y viene cerrándose desde entonces.

Lo que sigue abierto es el próximo sitio. Para un inversor, la pregunta más útil no es qué padrones están cerca de Canelones, sino qué otras localizaciones del país combinan capacidad de subestación, fibra, elegibilidad para zona franca y viabilidad de refrigeración sin consumo de agua, porque esa es la especificación que va a buscar el próximo proyecto, y no es específica de un corredor.

Lista de verificación

Afirmación Fuente A qué prestar atención
98% renovable, 2025 Balance preliminar del MIEM Preliminar; base nacional
Hidráulica 46 / eólica 34 / biomasa 14 / solar 4 ADME Base SIN, no la del MIEM: no combinar con el 98%
Inversión de USD 850 millones Declaraciones de la empresa y del gobierno Cifra anunciada; capacidad reducida a un tercio del diseño original
Empleo permanente ~50 Cobertura del inicio de obras El pico de obra de ~800 es temporal
Motivos citados para la elección del sitio Eduardo López, Google Cloud Latinoamérica Acceso, conectividad, disponibilidad energética, seguridad jurídica
Firmina Google / Telxius Uruguay es amarre de derivación; propiedad compartida con Telxius
Parque de las Ciencias Operador de la zona franca; Uruguay XXI ~85 ha, más de 60 empresas, en operación desde 2011
Precios de tierra en el corredor No se identificaron comparables públicos; obtenerlos localmente

Fuentes

MIEM — balance energético nacional preliminar 2025; ADME — generación entregada al SIN; Intendencia de Canelones y Agencia de Promoción a la Inversión de Canelones — cobertura del inicio de obras, con declaraciones de Eduardo López (Google Cloud Latinoamérica) y de los ministros Omar Paganini y Elisa Facio; Ministerio de Ambiente, Observatorio Ambiental Nacional — expediente Proyecto Google Datacenter; Uruguay XXI — ficha de Parque de las Ciencias; Presidencia de la República — cobertura sobre Parque de las Ciencias; Google y Telxius — anuncios de Firmina y entrada en servicio; coberturas de El Observador, Subrayado, Infobae, La Nación y TeleSemana.

Las cifras estaban vigentes al momento de redactar esta nota y provienen de declaraciones empresariales, expedientes públicos y cobertura de prensa, y no de una única fuente primaria. Los datos energéticos de 2025 son preliminares. No se identificaron comparables públicos de precios de tierra para el corredor de la Ruta 101; el análisis de land banking anterior es analítico y no constituye una valuación. Información general sobre mercados inmobiliarios comerciales. No constituye asesoramiento de inversión, fiscal ni legal.